
Todos tenemos una o varias máscaras que usamos según nos convenga. En una entrevista de trabajo o una reunión seria usamos la máscara de civismo y educación. En casa usamos una máscara de tranquilidad y relajación. Con nuestras amistades usamos nuestra máscara de sinceridad y diversión. A la hora de conocer a una persona usamos nuestra máscara de timidez, o de interés o tal vez de indiferencia... pero, ¿que ocurre con las máscaras que nos guardamos para nosotros?
La de envidia, ira, crueldad o malicia... esas máscaras también son nuestras, las usamos y lo peor de todo: deseamos usarlas. No es moralmente correcto hacerlo, pero nos ponemos la máscara de envidia para desear que el coche del vecino se averíe por no poder tener uno igual, o la de crueldad para desear las mayores humillaciones a esa persona que nos ha hecho algo... Es horrible, pero lo deseamos. Deseamos y disfrutamos con las máscaras mas ocultas, tal vez porque sean precisamente las ocultas.
Mi opinión es que aprendamos la función de cada una y nos deleitemos con todas, siempre y cuando nada llegue mas allá del rostro de la propia máscara... ¿Podrás controlarte?